martes, 7 de febrero de 2012

Las tierras flacas, Agustín Yañez




Novela ambientada en el México rural, estado de Jalisco, años después de la Revolución. Enseguida me “enganchó”. Sus personajes son sencillos, quiero realmente decir “elementales”. Representan sentimientos y situaciones universales, consustanciales al género humano de cualquier tiempo y lugar. En cierto modo me recordó a la gran novela venezolana de Rómulo Gallegos, “Doña Bárbara”; pero “ Las tierras flacas” es, según creo, toda una alegoría, los nombres de los personajes, las fechas de los acontecimientos principales coincidiendo con las grandes o algunas de las más simbólicas celebraciones del año litúrgico católico. Así, encontramos a uno de los principales personajes, Miguel Arcángel, el cual a modo de ángel exterminador, propicia con su regreso a las tierras que le vieron nacer, acompañado de su familia, con conocimientos y avances aprendidos en Ciudad de México y en los EEUU, la extinción del mundo creado por el patriarca Don Epifanio.

Para mí, los dos personajes más entrañables de toda la novela, por su singularidad, son el ya citado D. Epifanio y la curandera/bruja o saludadora, Matiana. Ellos dos, según creo, son los que imprimen particularidad y acción sobre el resto de los personajes, que cual comparsa actúan siguiéndolos.

Al igual que en Doña Bárbara, disfruté leyendo las historias de aparecidos, muertos y demás supercherías relatadas por los campesinos, así como la descripción de las épocas de lluvia y seca, propia del clima tropical de sabana, a las cuales aclimatan y supeditan los campesinos sus faenas agrícolas.

Si tuviera que señalar el  capítulo que más me gustó,  señalaría  “El día del juicio” , correspondiente a la muerte de Don Epifanio y su llamémosle “rendición de cuentas ante el Altísimo”.

¡Espléndida novela! Enero de 1995

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